LA SANIDAD DEL ALMA (Parte I)

By abril 28, 2014Enseñanzas
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Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Génesis 1:27), y según su orden, le constituyó en tres partes para una función, cada una en particular, donde se desarrollarían y prosperarían de manera perfecta. Estas áreas son: espíritu, alma y cuerpo. Estas áreas, Dios las creó sanas, con congruencia y armonía entre ellas y sus funciones.

Cuando el hombre pecó (Génesis 3), tanto el alma como el cuerpo se hicieron vulnerables, es decir, podían enfermarse, desde la concepción hasta el día de la muerte física (Salmo 41:4).

 

Constitución del alma

 

El alma podemos decir que está a su vez constituida en 3 partes: Intelecto, emociones y voluntad.
El intelecto es la capacidad que tiene el hombre de pensar, analizar y recordar (mente). Este, puede ser influenciado por una actividad que se opone a Dios o por el Espíritu Santo. Y es precisamente aquello que se opone a Dios que busca atacar el intelecto. Procurando lograr que pensemos que son nuestros, con el objetivo de traer malestar y angustia.

Una forma de ataque son los pensamientos fugaces. Estos, son ideas que llegan como sugerencias y generalmente instan a hacer cosas o decirlas. Cuando se examina el resultado, es tristeza, separación y frustración.

Las imágenes, su objetivo es cual su nombre, proyectar imágenes que generalmente son impuras y tienen relación con lo pecaminoso. Sus efectos son culpa y condenación.

Otra ofensiva a nuestro intelecto son los sueños. Ellos producen malestar al día siguiente, como la cabeza pesada, el espíritu abatido, llegando sentirse débil y sin energías en la mañana.

También está el insomnio. Puede que al acostarse vengan pensamientos de preocupación y sencillamente el sueño se va, trayendo malestar y desgaste.

El olvido. Las personas se ven muy limitadas para memorizar, sufriendo olvidos crónicos. Incluso de lo que acaba de hacer o decir.

La falta de concentración. Las personas no se logran concentrar en nada. Aún al orar, leer la Biblia o escuchar un mensaje, los pensamientos van de un lado al otro.

De igual forma está la inactividad. Hace que el creyente pierda la capacidad de pensar. No puede crear, deducir o recordar. No puede comparar, juzgar o apreciar, por ende, no puede pensar.

Asimismo otro ataque es la vacilación. Pueden generar una especie de pensamientos, pero poco después generan otros de sentido contrario u opuesto. Llegan a decir “hoy puedo” y al instante

La obstinación. Hace que las personas rehúsen escuchar cualquier razón o evidencia una vez que ha hecho su decisión. No distingue entre lo bueno y lo malo. Su mente está cerrada ante todo cambio.

Cuando la persona está bajo ataque, la verdad de Dios no puede penetrar y las consecuencias espirituales son muy dañinas porque son oprimidos por la hechicería e idolatría.

El creyente debe permitir que su intelecto se ponga de acuerdo con el Espíritu Santo con la palabra de Dios (Romanos 8: 5,6; Efesios 1: 17, 18; 1Pedro 1:13; Isaías 26:3; Efesios 4:23; 2Corintios 10:5)