La renovación del creyente (Parte I)

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“Dios nos creó a su imagen y semejanza,  por lo tanto, fuimos hechos puros porque Él mismo fue la referencia.”

Contaminar la naturaleza pura, en el hombre, es un efecto del pecado

La palabra perfecto, en el griego, nos refiere a una persona que ha sido trabajada y llevada a una condición de madurez. Cuando el pecado entró en la humanidad, no afectó su carácter sino su pureza, aceptando ella, una manera de pensar que contradecía el propósito original del Creador para con el hombre.

“El pecado no hace imperfecto al hombre, lo hace impuro, siendo su ataque hacia la naturaleza y no hacia el carácter.”

El creyente está llamado a desarrollar madurez en su alma, más en su espíritu debe desarrollar pureza. De lo contrario, se tendrán defectos en el carácter porque las decisiones no obedecen a la pureza según Dios sino a la naturaleza del pecado que ha afectado el alma.

La pérdida de pureza ha afectado el canal y la forma que el alma tiene para dar a conocer esa pureza. Hemos sido llamados a reflejar la vida que llevamos por dentro a través del carácter, pero el carácter de Cristo formado en nosotros.

Cuando el alma tomó el control, la humanidad comenzó a construir su propia vida con actitudes que obedecen a una independencia de Dios. Con la experiencia de Adán y Eva, aprendemos que cuando un pensamiento es aceptado, comenzamos a convertirnos en su significado,  nuestro espíritu se oscurece y quedamos funcionando de forma almática.

¿Qué pensamientos manejas tú? ¿Con quién te relacionas?

El tráfico de pensamientos afecta nuestro ser interior, creando convicciones que más adelante van a determinar nuestra manera de actuar. Aunque Dios nos hable, seguiremos funcionando en el error porque hemos desarrollado convicción en él.

Sólo cuando determinamos darle un final al error, es cuando se abren las puertas para entrar en un proceso de renovación.

El pecado no logró destruir al hombre en su totalidad, pero afectó su alma y necesita ser devuelto a su estado original.

Antes de que el hombre finalizara sus días de pureza, ya Dios había planeado como someterlo a una regeneración, pues toda renovación tiene su comienzo sobre un final.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:1-2

 

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