La renovación del creyente (Parte II)

RT2

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17

Todo tiene un comienzo y un proceso para alcanzar el fin deseado

Aunque hayamos nacido en el evangelio, tú y yo necesitamos nacer de nuevo. Es allí donde comienza el proceso de renovación que quita la impureza que adquirimos del entorno y donde nuestras convicciones son reemplazadas por las convicciones de Dios.

Este comienzo de transformación, lo observamos en la vida de Pablo en el capítulo 9 del libro de Hechos. Sus fuertes pensamientos y convicciones en la religión Judía, lo llevaron al deseo de muerte por aquellos que pensaban diferente: los seguidores de Cristo. Pero un encuentro con el Señor, el renovador del conocimiento de la ley, bastó para nacer de nuevo. Pablo entendió lo sobrenatural del momento y dispuso su actitud delante de Jesús, reconociendo su señorío (v5). En ese momento su orgullo fue tratado y sus convicciones comenzaron a ser confrontadas.

Dios no quiere empleados sino hijos que le amen.

Como la mayoría de nosotros, la primera reacción de Pablo fue servirle mediante un acto voluntario orientado al trabajo: “Señor ¿Qué quieres que yo haga?”. Sin embargo, Dios busca que desarrollemos la obediencia inspirada en un amor producido por el valor de quién es Cristo.

La salvación es un hecho legal, pero se confirma cuando el amor de Cristo nos aprisiona hacia él. Cuando Pablo llegó conocer el amor de Dios, no quería estar en la tierra y sus primeras convicciones fueron reemplazadas.  El hombre que ha conocido a Cristo le sigue, sin importar cómo está o lo que está enfrentado. Job dijo: “y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” Job 19:26-27.

El que cree puede descreer pero el que ama no puede dejar de amar. El que ama prefiere morir pero nunca regresar.

Dios nos salva de una condenación legal pero comienza a trabajar en nosotros para que aprendamos a vivir dentro de la legalidad de la salvación. Pablo se desarrolló en la visión del Señor, predicando y demostrando que Jesús era el Cristo. Debemos demostrar nuestras emociones, reflejando nuestras convicciones.

Pablo reconoció que necesitaba aprender de Dios. ¿Cómo sigo a Dios? A través de su palabra.

“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.” Juan 15:10

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